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La internacionalización del comercio electrónico no se trata simplemente de que una compañía pueda realizar un envío internacional, colocando su producto a disposición de un prestador de servicios de flete internacional, para que luego éste retire el mismo de su centro de distribución con la esperanza de que llegue a manos de su comprador en un país de destino distinto a su procedencia de origen.

La internacionalización del comercio electrónico se trata de asegurar y garantizar la llegada de un envío internacional atravesando de forma transparente, legal y previsible todos los requerimientos necesarios para la exportación y la importación de los productos a través de las aduanas, puertos, aeropuertos y demás actores del comercio internacional intervinientes en el envío.

Todo esto, además, asegurando el cumplimiento del pago de impuestos así como también del compendio regulatorio pertinente para la sustracción del producto desde su país de procedencia hasta la introducción del producto en el país de destino.

Nada de esto será tarea fácil principalmente cuando hablamos de países en vías de desarrollo o de menor desarrollo relativo como ser aquellos de América Latina, África y hasta el mismo sudeste asiático, donde las barreras tarifarias y no tarifarias al comercio son aún extremadamente altas.

Mejora de procesos

En este sentido, vemos luz al final del túnel con la reciente entrada en vigor del Acuerdo de Facilitación de Comercio, firmado en el marco de la Organización Mundial del Comercio, que se constituye como una herramienta de apoyo para permitir mejorar la infraestructura, los sistemas y los procesos del comercio internacional de forma tal de hacer más accesible al consumidor la posibilidad de realizar compras internacionales.

Por otro lado, es importante –para aquellas compañías que quieren comenzar a actuar en el contexto global del comercio internacional– entender los patrones de conducta de consumo de sus mercados objetivo siendo la modalidad de pago un factor crítico por tener en consideración.

Los mecanismos de financiación, plazos de pago y la seguridad de la transacción podrán ser determinantes para que un consumidor decida concretar o no su compra.

Estamos frente a una gran oportunidad para aunar esfuerzos entre profesionales de la tecnología de la información y las comunicaciones (TICs), profesionales del comercio Internacional y aduanas, y profesionales del sector bancario y financiero, para desarrollar esquemas que permitan a los consumidores acceder a una oferta global de productos que satisfaga de la mejor forma sus necesidades y hábitos de consumo.