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El Centro Despachantes de Aduana (CDA) homenajeó a los redactores del Código Aduanero argentino en el 40° aniversario de la entrada en vigor de la ley 22.415, marco normativo y operativo que rige el complejo entramado de actividades del comercio internacional, una guía para importadores y exportadores y la herramienta de trabajo por excelencia de despachantes de aduana y funcionarios aduaneros.

“Como auxiliares del servicio aduanero y protagonistas del comercio exterior (los despachantes) creemos que es importante el reconocimiento a los que participaron de la comisión redactora del Código Aduanero, un texto armónico y moderno que permitió el ordenamiento en un único cuerpo de normas dispersas”, señaló Enrique Loizzo, presidente del CDA y anfitrión del evento en los salones de Madero Walk.

Loizzo destacó no sólo el “orden sistémico y coherente logrado sobre una base de normas dispersas y muchas veces contradictorias entre sí, sino que (el Código Aduanero) consagró el papel del despachante de Aduana”, señaló, frente a una audiencia que contó con la presencia de la directora general de Aduanas, Silvia Traverso, entre otros funcionarios del organismo; el interventor de la Administración General de Puertos, José Beni; autoridades de Prefectura Naval Argentina, abogados y despachantes.

Los tres homenajeados principales fueron Ricardo Xavier Basaldúa, actual presidente del Tribunal Fiscal de la Nación; y los doctores Enrique Barreira y Héctor Guillermo Vidal Albarracín, especialistas en derecho aduanero, administrativo y penal. El trío integró una comisión redactora que durante 4 años trabajó en la ciclópea tarea de reunir todas las normas inherentes al comercio internacional.

Rutina

“Trabajábamos de lunes a viernes, de 15 a 18, en la oficina 410 del Palacio de Hacienda, rodeados de dactilógrafas y fotocopiadoras. Así lo hicimos durante 4 años, hasta llegar a un compendio de 1191 artículos, que hoy brinda seguridad jurídica a los protagonistas del comercio internacional”, rememoró Basaldúa.

A principios de los 80, el trabajo eminentemente “manual” de recopilación de información, de sistematización de normas, de intercambio de información y hasta de estudio era la norma de la época.

Vidal Albarracín, Basaldúa, Loizzo y Barreira

Tanto Basaldúa como Barreira y Vidal Albarracín recordaron a los otros protagonistas de la máxima obra que rige la operatoria del comercio. Aquella comisión redactora no sólo contaba con juristas especializados en las distintas ramas del derecho que debían entender en la materia: había un mandato de “acercar” el derecho a la realidad, a la operatoria, para entenderlo y, ahí sí, normar en la materia.

Menciones muy particulares se llevaron, justamente, dos funcionarios de aduana que participaron del equipo multidisciplinario con su conocimiento empírico: Laureano Fernández y Francisco “Pancho” García. Los otros integrantes de la comisión -presidida por Carlos Tacchi- fueron los doctores Mario Alsina, Rodolfo Cambra y Juan Patricio Cotter Moine.

Cercanía

Barreira recordó los problemas clasificatorios, cómo tratar las declaraciones inexactas y los alcances de la extensión de la bodega de los buques. “El pedido expreso era que los abogados teníamos que estar cerca de la operatoria”.

Asimismo, subrayó que los mayores desafíos era lograr “la mínima expresión”. “Tenemos que achicar esta descripción”, era una de las frases con la que más lidiaron los redactores.

Barreira separó las aguas que dividen al legislador de la autoridad de aplicación: “La ley libera, la reglamentación esclaviza”, reflexionó, tras manifestar que en el espíritu de la ley del código aduanero está “la vocación de futuro”.

“El código se hizo sobre una base metodológica entre la relación de control de la aduana y los importadores y exportadores sometidos a ese control. El procedimiento operativo consagrado (en la ley) es la esencia misma del trabajo de los despachantes de aduana y los funcionarios aduaneros”, puntualizó.

A su vez, Vidal Albarracín recordó cómo debieron enfocar la “armonización frente a la dispersión, al laberinto jurídico y a los textos sin sistematización”. “Tuvimos que hacer previsible el derecho aduanero que era sólo para entendidos”.

Justamente, frente al “preciosismo de frases” de los juristas, los funcionarios de la comisión redactora oponían en síntesis “la práctica”.

“En toda elaboración de una ley es muy importante que haya quienes conozcan la realidad, la operatoria, y que sean idóneos para que el trabajo proyecte la realidad en el resultado”, resumió Vidal Albarracín, con palmaria actualidad en sus reflexión.

“Se marcó lo prohibido, los tipos penales, las conductas bien definidas en un mundo muy cambiante. No era cuestión sólo de enunciar qué era el contrabando con un catálogo casuístico. Había que echar mano a normas penales en blanco, con enunciados que remitieran a normas de otro rango y recurrir a tipos penales abiertos”, explicó Vidal.

Vigencia

Los tres co-autores reconocieron la vigencia del cuerpo normativo, y también la necesidad de sus modificaciones. Tal como manifestó Loizzo, es preciso actualizar el compendio con fenómenos que en la época no existían, como el comercio electrónico y, en definitiva, el mundo de las operaciones digitales.

Entre los oradores invitados, se destacó la presencia del secretario general del Sindicato Único del Personal Aduanero (SUPARA), Carlos Sueiro.

“No muchas actividades tienen su código, sólo aquellas que necesitan un ordenamiento de magnitud y las que son trascendentales para el desarrollo económico del país, como lo es el comercio exterior. El código plasmó una visión fundamental del campo de trabajo, y valoró la carrera del organismo”, señaló.

“Fue un código inteligente, y flexible. Con este código vivimos épocas de aduanas cerradas por el proteccionismo, y abiertas con la apertura comercial”, resumió Sueiro.