El frente externo argentino sigue mostrando cifras positivas, pero los márgenes se achican y las señales de advertencia comienzan a encenderse.

Junio cerró con un superávit comercial de 906 millones de dólares, el más alto del año, y acumuló así 19 meses consecutivos de saldo favorable. Sin embargo, el dato mensual esconde una dinámica menos optimista: en el primer semestre, el superávit total fue de apenas 2788 millones, una caída del 74% respecto al mismo período del año pasado.

La explicación es directa: mientras las exportaciones crecieron un 4% en la primera mitad del año, las importaciones treparon casi un 35%, impulsadas por una fuerte expansión en volúmenes, especialmente en bienes de capital, vehículos y consumo. Este diferencial genera una presión creciente sobre el saldo externo y anticipa un segundo semestre más desafiante.

Agro estancado; energía como motor exportador

De acuerdo con el monitor de comercio exterior que elabora el Instituto de Estrategia Internacional de la Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA), junio mostró una recuperación exportadora, con envíos por 7275 millones de dólares, un crecimiento interanual del 10,8%. El impulso vino por el lado de las cantidades, que subieron 11,2%, compensando una ligera baja de precios.

Pero el verdadero salto fue del lado importador: 6370 millones en compras externas, 35,9% más que el mismo mes del año pasado, con un aumento del 53% en volúmenes. Es decir, la economía vuelve a demandar insumos y bienes, y lo hace a velocidad creciente.

El informe de CERA destaca que el crecimiento exportador es dispar. Los combustibles y la energía lideran, con un aumento del 74% en valor y del 110% en cantidades. Las manufacturas industriales también mejoran, aunque a un ritmo más moderado. Pero el agro, en sus formas primarias y procesadas, muestra una evolución casi plana. Las exportaciones siguen concentradas en pocos productos: harina y pellets de soja, petróleo crudo, maíz y aceite de soja. Cambia el volumen, pero no la matriz.

Importaciones: autos, tecnología y bienes de capital

Del lado importador, el panorama es más homogéneo: las compras aumentan en casi todos los rubros. Las cifras más llamativas corresponden a autos, que crecieron casi 250% en valor, y a bienes de capital, que duplicaron sus montos. Solo los combustibles cayeron, por efecto combinado de menores precios y menores necesidades estacionales.

A nivel bilateral, la tendencia es preocupante. Argentina acumula en el semestre un déficit de más de 3200 millones con Brasil, de 5200 millones con China y de 1600 millones con la Unión Europea. Solo con Chile e India se mantiene un superávit relevante. Los principales socios estratégicos nos venden más de lo que nos compran, y la diferencia se amplía.

Superávit dependiente de los precios internacionales

Pero el dato más revelador es quizás otro. Si se corrige el superávit de junio por la mejora en los términos del intercambio —es decir, por los precios internacionales favorables—, el saldo real habría sido de solo 147 millones de dólares. Es decir, sin ese viento a favor, el equilibrio externo ya estaría en riesgo.

El comercio exterior sigue aportando divisas, sí. Pero el margen se estrecha, y la dinámica actual no parece sostenible. Si las exportaciones no ganan velocidad y diversificación, y si las importaciones siguen expandiéndose al ritmo de la recuperación, el superávit podría evaporarse antes de fin de año.