Este será otro año en que la Argentina no podrá aprovechar el auge del comercio exterior que el mundo está experimentando.

Una vez más, prácticamente la totalidad de los organismos que marcan tendencia en la economía global está hablando de un repunte del comercio exterior. Basta ver los últimos informes de la OCDE, el FMI y la OMC para darse cuenta de la dinámica actual.

Pero Argentina permanece en un letargo de al menos cuatro décadas en materia de exportaciones, que hacen que su participación en este desarrollo global no sólo no crezca, sino que pierda posiciones.

Caída

Marcelo Elizondo, presidente de la Cámara Internacional de Comercio en la Argentina, explica que en los últimos 40 años, nuestro país descendió del puesto 33 al 55 en desempeño exportador. El año pasado fue justamente el peor de la historia comercial nacional.

Como sucede en todo fenómeno, nunca hay una sola causa: la Argentina puede caer por culpa propia (como de hecho sucedió) y también porque otros países aceleraron y nos pasaron (como de hecho también sucedió).

Lo cierto es que los términos de intercambio del país hablan a las claras de cierta dificultad por lograr una mayor diversificación de exportaciones, un mayor agregado de valor a las mismas y un mayor número de mercados para vender. Y lo mismo dicen respecto de las importaciones que realizamos: permanece la dependencia por la compra de insumos con alto valor tecnológico y de conocimiento asociado, cuyo precio relativo es ostensiblemente superior al valor de nuestras exportaciones.

El resultado es estancamiento que, a la larga, equivale también a un retroceso.

Superados

Luego de un 2023 marcado por tendencias inflacionarias y el aumento de tasas de interés, que deprimió la demanda global, el 2024 arrancó con un cambio de tendencia que se está notando en las economías más desarrolladas, con valores positivos de crecimiento.

Pero la Argentina es un mero espectador. Para Marcelo Elizondo, recuperar posiciones perdidas en los últimos 40 años implicaría, por lo menos, exportar un 55% más de lo que se vendió en 2023, el peor registro de la participación mundial de las ventas argentinas. En números totales, tendríamos que estar exportando por más de 105.000 millones de dólares, lo que hoy es una verdadera utopía.

Una mirada a Irlanda, Israel, Turquía, Vietnam, Malasia o Rumania, países ignotos para las grandes autopistas comerciales de hace 40 años y que nos superaron en exportaciones, nos muestra que las medidas que tomaron son prácticamente las de manual.

Estrategia

Es decir, lograron competitividad sistémica de la mano del desarrollo de sectores estratégicos, institucionalización de su economía y acuerdos comerciales internacionales. Todos lo hicieron apalancándose en la inversión -para lo que generaron condiciones de estabilidad- y en la apertura del mercado.

Lo que para unos fue la apuesta por los servicios, el conocimiento y la tecnología, como Irlanda por ejemplo, para otros la apuesta fue por la disponibilidad abundante de recursos naturales, como Chile o Sudáfrica. 

Nunca es suficiente seguir subrayando el potencial intacto de la economía argentina para fulgurar en el horizonte del comercio internacional, por contar con dos avenidas anchas para circular: tanto en servicios como en recursos naturales.

Tiempo = estabilidad

Lograrlo implica, según Elizondo, tiempo. Y tiempo expresado en la estabilidad e inmovilidad de los institutos que hacen a la seguridad jurídica y al despunte de las inversiones. 

Implica también equilibrio macroeconómico, logística eficiente, regulaciones amigables a la inversión y la innovación, una administración ágil y la firma de acuerdos con contrapartes que logren la internacionalización de las empresas, tanto de sus bienes como de sus servicios.

Días atrás, el jefe de Gabinete, Nicolás Posse, expuso los lineamientos del comercio exterior en el Congreso. Por el momento, no habría alicientes fiscales y el comercio exterior sólo debería esperar un mayor despliegue de la mano de la liberación de los cepos administrativos, los que le dan agilidad y le quitan restricciones al flujo de mercaderías. 

El rumbo está fijado. Sólo falta que soplen buenos vientos de liberación del cepo cambiario.


Imagen de portada: Joe en Pixabay