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Más que provocar grandes cambios, el Covid-19 profundizó varias tendencias que asomaban tímidamente en el mundo. El teletrabajo es, sin dudas, una de ellas.

En lo que muchos califican como el experimento social más grande de la historia, la cuarentena global que encerró y frenó literalmente a todo el mundo a principios de 2020, transformó en obligatorio un recurso que hasta entonces no sólo era opcional, sino que despertaba muchas dudas respecto de su eficacia.

En la nueva normalidad, el trabajo remoto –deslocalización virtual o telemigración- se volvió algo habitual y fue un poco más allá: “Si se puede hacer desde casa, ¿podría hacerse desde el extranjero?”.

Cambio cultural, económico y social

La pregunta es uno de los disparadores de “Los riesgos y las oportunidades de la deslocalización virtual”, un análisis realizado por los economistas Marcos Carias y Coline Louis para Coface, grupo francés líder mundial en seguro de crédito.

A lo largo del trabajo se analiza cómo el cambio cultural que implica el trabajo a distancia podría permitir a las empresas situadas en los países desarrollados contratar talentos de teletrabajo en países emergentes para reducir sus costos laborales.

De acuerdo con las estimaciones de Coface, el número total de puestos de teletrabajo en las economías de altos ingresos ronda los 160 millones, mientras que el número de posibles teletrabajadores en las economías de ingresos medios y bajos es de 330 millones.

Criterios

El Grupo considera que para las economías emergentes, esa posibilidad de deslocalización virtual (lo que Richard Baldwin, reconocido estudioso de la globalización y el comercio, definió como telemigración) podría convertirse en un pilar del desarrollo.

Para identificar a los probables ganadores de esa tendencia, Coface construyó un indicador basado en cuatro criterios clave: capital humano, competitividad de los costos laborales, infraestructura digital y clima empresarial.

Aunque una vez más el Sudeste Asiático surge como la región con mayor potencial (especialmente India e Indonesia), otros países emergentes -como Brasil y Polonia- también aparecen con buenas chances.

Geopolítica y ciberseguridad

Por el contrario, y aunque en los papeles aparezcan como destinos ideales para la deslocalización virtual, las crecientes tensiones geopolíticas y de ciberseguridad con Occidente serán un obstáculo importante para que países como China y Rusia se sumen al primer grupo.

El informe destaca que muchas economías emergentes se están poniendo rápidamente al día en materia de educación y desarrollo tecnológico y que por ello será cada vez más habitual realizar trabajos de oficina en el mundo en desarrollo para exportarlo luego a los países más ricos, con la ventaja de contar con menores costos.

Los expertos dicen que la tendencia a la deslocalización virtual está impulsada por fuertes incentivos financieros. Por ejemplo, las empresas de un país como Francia reducirían los costos laborales en un 7% si 1 de cada 4 puestos de trabajo teletrabajables se deslocalizara virtualmente.

De las cadenas globales al nearshoring

Durante las últimas décadas de la globalización, la deslocalización de la actividad industrial y el aumento de las cadenas de suministro globales fue uno de los principales motores del crecimiento de la productividad. Sin embargo, en los últimos años, las ganancias de productividad derivadas de la reubicación de la actividad industrial parecen estar ahogadas. De hecho, el avance del nearshoring es una clara señal en ese sentido.

Aunque en los papeles aparezcan como destinos ideales para la deslocalización virtual, las crecientes tensiones geopolíticas y de ciberseguridad con Occidente, restan chances a países como China y Rusia . Imagen de Andy Leung en Pixabay.

Los economistas argumentan que con la deuda corporativa disparada en 2020, las empresas tendrán más dificultades que nunca para ser competitivas en costos, y que en ese contexto, una opción será intensificar la deslocalización de los servicios y las actividades intensivas en conocimiento a países con menores costos laborales.

“Esta tendencia no es nueva: países como India o Filipinas son ya centros de deslocalización de las TIC y los servicios empresariales. Lo que ha cambiado, sin embargo, es la ubicuidad del trabajo a distancia. De hecho, hasta el 40% de la población activa de la UE realizó algún tipo de teletrabajo regular durante el primer aislamiento en el segundo trimestre de 2020”, señalan.

Cuello blanco

Aunque admiten que “si se puede hacer desde casa, se puede hacer desde el extranjero” es seguramente una exageración, los expertos señalan que las empresas se sienten cada vez más atraídas por la idea de una plantilla virtual parcialmente globalizada.

En una muestra de 330 grandes empresas estadounidenses, el porcentaje de organizaciones dispuestas a contratar trabajadores remotos con base en el extranjero a tiempo completo se disparó al 36%, frente al 12% anterior a la pandemia.

Por lo tanto, es probable que las empresas contraten cada vez más mano de obra calificada de cuello blanco (denominación con la que se identifica a quienes se desempeñan en oficinas –y que habitualmente usan camisas blancas-, frente a quienes trabajan en fábricas y talleres vistiendo uniformes azules) en el Sur Global (en este caso el término se refiere a los países de renta baja y a los emergentes de renta media).

El empujón de la pandemia

¿Cuántos empleos es posible transformar en teletrabajos? ¿Cuántos se pueden deslocalizar?

El estudio de Coface sostiene que la pandemia reveló que el potencial del trabajo a distancia se había subestimado enormemente.

En una encuesta realizada a trabajadores estadounidenses en octubre de 2020, el 62% de los consultados, con estudios universitarios, afirmó que su trabajo podía realizarse a distancia. De ellos, sólo uno de cada 5 declaró trabajar desde casa de forma habitual antes del brote.

Cuanto más se basa una economía en actividades de servicios intensivas en conocimiento, más puede trabajar su mano de obra a distancia, explican los autores del informe.

Mientras que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que alrededor del 13% de los puestos de trabajo en el Sur Global son teletrabajables, frente al 27% en los países de renta alta, los cálculos de la Comisión Europea hablan de una media del 37% para los países de la UE.

Sectores “deslocalizables”

En general, los sectores con alto potencial de teletrabajo tienden a ser los que tienen mayores costos laborales por trabajador. Sin embargo, esto no significa que todos esos empleos puedan ser virtualmente deslocalizados, ya que muchas tareas requieren cierta presencia in situ, contacto personal con los clientes o una base de habilidades y conocimientos específica de los trabajadores domésticos.

El éxito de las campañas de publicidad y relaciones públicas, por ejemplo, requiere de un conocimiento bastante sofisticado de la cultura local. También está el trabajo que se puede deslocalizar virtualmente, pero a expensas de la disminución de la calidad que muchas empresas considerarán inaceptable.

La educación es un ejemplo elocuente: aunque es técnicamente posible, la falta de interacción cara a cara hace la enseñanza menos eficaz, señala el documento.

Trastornos políticos

¿Por qué razón la deslocalización virtual puede ser una bonanza de productividad, pero también acarrear trastornos políticos?

¿Qué importancia puede tener el impacto económico de la deslocalización virtual? ¿Cuánto ahorrarían las empresas del Reino Unido, Alemania y Francia si se generalizara la deslocalización virtual?

De acuerdo con la investigación de Coface, esos tres países suman alrededor de 30 millones de empleos teletrabajables. Y “un puñado de países emergentes de la periferia europea (Rusia, Polonia, Rumania, Ucrania, Turquía, Marruecos, Argelia y Túnez) tienen suficientes teletrabajadores potenciales en su fuerza de trabajo combinada para absorber esos 30 millones de empleos”, citan los economistas.

Costos laborales

Teniendo en cuenta los salarios, la formación profesional, los pagos en especie, los impuestos laborales, la seguridad social y otros gastos sociales, las diferencias de costos laborales entre esos dos grupos son considerables: una media de US$37,4 por hora en el primer grupo, frente a sólo US$7,3 en el segundo.

En el informe se hace un ejercicio: si se deslocalizara virtualmente 1 de cada 4 empleos teletrabajables y se pagara con los salarios actuales de los países emergentes, el grupo de los desarrollados podría reducir sus costos laborales entre 6 y 9%.

En la práctica, sin embargo, la reorganización de las cadenas de valor en torno a la deslocalización virtual no se producirá de la noche a la mañana.

Crear empleo en el extranjero

La legislación laboral limita la capacidad de las empresas para ajustar el empleo existente. La transición se producirá probablemente en los márgenes, con poca destrucción de puestos de trabajo, pero con un número cada vez mayor de nuevos empleos teletrabajables creados en el extranjero en lugar de en el país.

Además, la ventana de oportunidad para los mayores aumentos de productividad se estrechará, ya que los salarios de los empleos teletrabajables en el Sur Global se irán equiparando.

Sin embargo, la deslocalización virtual a esta escala podría tener efectos desestabilizadores en la sociedad, con posibles implicaciones para el riesgo político, advierte el informe de Coface.

Desindustrialización y políticas antisistema

“Existe un vínculo bien documentado entre la desindustrialización y el ascenso de los políticos antisistema observado en las democracias occidentales durante la última década.

La deslocalización física de la industria manufacturera provocó el estancamiento del ingreso de los trabajadores menos calificados, haciéndolos receptivos a la retórica antiglobalización.

Con la deslocalización virtual existe el riesgo de un patrón similar entre los profesionales altamente calificados, dicen los expertos.

Ritmo de oferta y demanda

A pesar de la escasez de mano de obra para ciertas habilidades demandadas, ya existe una tendencia a la disminución de los rendimientos de la educación superior en Occidente, ya que la oferta de graduados universitarios aumenta más rápido que la demanda de mano de obra calificada.

La deslocalización virtual debería ejercer una presión adicional a la baja sobre el ingreso de los trabajadores altamente calificados en economías desarrolladas.

Los jóvenes profesionales con formación se han beneficiado en general de la globalización, pero unas perspectivas laborales persistentemente decepcionantes podrían inclinar la balanza en sentido contrario. Esto, a su vez, puede aumentar el riesgo de polarización y malestar social y convertirse en un obstáculo para la buena gobernanza.

Una clase media virtual y global

En el informe se dice que todas las formas de deslocalización, ya sean físicas o virtuales, acaban afectando a la demanda y a la oferta.

“En primer lugar, la deslocalización industrial convirtió a China en el corazón de las cadenas de valor mundiales. Con el tiempo, gran parte de la riqueza creada por este proceso llegó a los bolsillos del consumidor chino. Históricamente situado en Occidente, el epicentro de la demanda de consumo mundial se ha ido desplazando hacia el este y el sur a medida que el Sur Global se hace más rico. En 1995, las economías en desarrollo y emergentes representaban el 19% de la demanda de consumo mundial. En 2017, esa cifra trepó hasta 38%.”

Ahora, los especialistas opinan que los ingresos de los telemigrantes serán generosos según los estándares de sus países de origen, aunque sean más baratos para sus empleadores.

Por eso es que resulta esperable que la deslocalización virtual acelere la transición hacia un mundo en el que el Sur Global impulse cada vez más la demanda de consumo global.

Preparase para la competencia

Sin embargo, hay una advertencia al respecto: el Sur Global es grande y diverso, y la competencia para atraer la inversión extranjera será feroz.

Algunos países están mejor preparados que otros para afrontar esta contienda, que se desarrollará en varios ámbitos.

India, que ya es líder mundial en este campo, parece dispuesta a capitalizar sus inversiones en lo que probablemente será una carrera del tipo “el ganador se lo lleva todo”.

Google anunció recientemente una inversión de US$10.000 millones para acelerar la digitalización de la economía india, lo que sugiere que se avecina un boom de la infraestructura digital.

Con la modernización de su sistema educativo y fuertes inversiones, India lidera la lista de países atractivos para capturar ofertas de teletrabajo. Imagen de AkshayaPatra Foundation/Pixabay

Carias y Louis dicen que el capital humano y tecnológico son cruciales, pero que no se trata sólo de eso.

En un mundo de crecientes riesgos de ciberseguridad, la alineación geopolítica será al menos tan importante como los fundamentos económicos.

Guerra fría tecnológica

En principio, China cumple todos los requisitos para ser un destino atractivo: un gran número de trabajadores altamente formados, salarios relativamente atractivos y un entorno tecnológico favorable. Sin embargo, dado que EE.UU. y China parecen ir a la deriva en una guerra fría tecnológica, “las empresas se lo pensarán dos veces antes de ponerse en una posición en la que tengan que elegir un bando o ver comprometida su información”.

Lo mismo pasa con Rusia y, en menor medida, con Turquía o Ucrania, agregan.

Las condiciones

¿Quiénes se beneficiarán del auge de la deslocalización virtual? “El capital de inversión fluye a través de las fronteras debido a una combinación de empeoramiento de los rendimientos del riesgo en el país (factores de empuje) y/o mejores rendimientos esperados en el extranjero (factores de atracción)”, responden los analistas antes de citar las condiciones que debería ofrecer un país para atraer inversiones virtuales de deslocalización:

  1. Mano de obra numerosa y formada. Dado que muchos de los empleos virtualmente deslocalizables son altamente calificados, los requisitos de capital humano son más elevados que para la deslocalización manufacturera.

Los países que ofrecen el mayor número de trabajadores calificados con menores costos laborales atraerán la mayor inversión. Se midió a través del número de telemigrantes potenciales.

  1. Una sólida infraestructura tecnológica. Las cadenas de valor digitales requerirán un importante capital tecnológico. Esto implica capacidades en banda ancha, telecomunicaciones móviles, centros y redes de datos, digitalización generalizada de los procesos empresariales (también para las PYME), acceso a la computación en la nube y ciberseguridad fiable, entre otros.

A falta de datos comparables a nivel internacional en ese ámbito, se utilizó el número de servidores de Internet seguros per cápita como indicador de la difusión del desarrollo tecnológico.

  1. Bajos costos laborales. Se midió con los datos de la OIT sobre los salarios mensuales nominales, ajustados a la inflación y convertidos a dólares estadounidenses.
  2. Un entorno empresarial de calidad. Como para cualquier otro tipo de inversión, un marco institucional favorable a las empresas es una preocupación primordial. Esto implica una regulación flexible y transparente, un Estado de derecho y unos derechos de propiedad (especialmente la propiedad intelectual) sólidos, una burocracia mínima, una fiscalidad favorable y una apertura comercial y financiera, entre otros.

Se midió utilizando la puntuación de clima empresarial de Coface, un pilar de nuestra metodología de evaluación del riesgo país. Basándonos en ellos, se desarrolló un indicador compuesto para evaluar la probabilidad de que un país atraiga grandes inversiones de deslocalización virtual.

Para beneficiarse de los rendimientos de escala, es probable que las empresas concentren sus inversiones en los países con el mayor número de telemigrantes potenciales. Por ello, sólo se han tenido en cuenta en la muestra los países con una gran cantidad de telemigrantes potenciales.

Las puntuaciones se normalizan en una escala de 0 a 100, y la puntuación global es la media no ponderada de los 4 componentes.