BOGOTÁ, Colombia.– El pasado 22 de diciembre, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, sancionó la “Ley de recortes fiscales y empleo”, que representa, a juicio de versados tributaristas, la modificación más significativa que ha tenido el sistema fiscal de los Estados Unidos desde el presidente Ronald Reagan, hace ya 30 años.

Los cambios más representativos para la promoción de la inversión dentro de los Estados Unidos son los siguientes:

Reduce del 35% al 21% la tarifa máxima del impuesto a las ganancias de las empresas, ubicando a los Estados Unidos como uno de los países más competitivos en América y en el mundo, dentro del club de los países más desarrollados.

En efecto, el promedio de la tarifa nominal del impuesto a las sociedades para los países de la OCDE era en 2017 del 24,18%, mientras el promedio de países de la Alianza del Pacífico (Chile, Colombia, México y Perú) era del 29,38%.

Así, no sólo queda Estados Unidos con la estructura fiscal corporativa más baja del Nafta (30% México, y 27% Canadá), sino que además tiene una tarifa casi un 20% inferior a la que hoy se aplica en las zonas francas y zonas económicas especiales de China, del 25%.

Exención del impuesto a las ganancias de la distribución de dividendos por parte de una sociedad extranjera, distintas a aquellas calificadas como passive foreign investment companies (PFIC) que no sean entidades controladas en el exterior (CFC), en favor de una corporación norteamericana, siempre que ésta última tenga una participación igual o superior al 10% en la primera.

No obstante, como medida transitoria para la implementación de la mencionada exención, la reforma tributaria propone gravar las ganancias y utilidades (G&U) obtenidas, con posterioridad a 1986, por parte de las sociedades extranjeras en cabeza de los accionistas norteamericanos que posean una participación equivalente al 10% en dichas sociedades –incluyendo aquellas que sean calificadas CFC– prorrateando su participación, siempre que las referidas G&U no  hayan estado previamente gravadas en los Estados Unidos.

Deducción inmediata a ciertos activos adquiridos y utilizados entre el 27 de septiembre del 2017 y antes del 1 de enero del año 2023.

En los próximos 5 años una corporación que realice grandes inversiones en los Estados Unidos podrá deducir completamente de ese año, el costo total de tales activos, llevando en la práctica su tarifa a un 0%, o inclusive generando un crédito fiscal.

Para aquellas inversiones posteriores al 1 de enero del 2024 y anteriores al 1 de enero del 2027, la deducción se limita a un 20% para cada año.

Son deducibles del impuesto a las ganancias de las empresas los ingresos de fuente extranjera que obtengan por la explotación (compraventa, licenciamiento y cualquier otro tipo de disposición) de intangibles en favor de personas que no tengan la calidad de “estadounidense”, así como de los costos de investigación y desarrollo vinculados a las exportaciones.

Incentivos de zonas francas norteamericanas

A lo anterior debe adicionarse los incentivos propios de las zonas francas norteamericanas (foreing Trade zones) y zonas económicas especiales, de las cuales hay cerca de 500 entre zonas principales y subzonas, que albergan plantas para fabricación de vehículos, refinadoras de petrolero, laboratorios farmacéuticos y grandes centros logísticos, con un movimiento superior a los US$ 800.000 millones de dólares al año, responsables de 450.000 puestos de trabajo directos.

Los incentivos principales de estas zonas francas y zonas económicas especiales son el diferimiento de los gravámenes arancelarios e IVA a las importaciones, el arancel revertido a los bienes manufacturados en esas zonas que ingresen al mercado norteamericano (se liquida el menor arancel correspondientes a las materias primas o al producto final sobre el valor agregado extranjero), y la facilidad de la declaración única mensual de importación.

Sin dudas, esta muy ambiciosa reforma fiscal cambiará el eje de las inversiones de los principales socios comerciales de los Estados Unidos y tendrá un gran impacto directo sobre la propuesta de valor que las cerca de 500 zonas francas y zonas económicas especiales de América Latina, tienen para atraer y retener hoy las inversiones que han venido cosechando durante décadas.

Oportunidad latina

Es así un gran reto para la Asociación Latinoamericana de Zonas Francas (AZFA), y para cada uno de sus países miembros, analizar cómo se puede complementar la propuesta fiscal norteamericana con los incentivos que cada zona franca y zona económica especial ofrecen, para generar cadenas regionales y hemisféricas de valor, en especial utilizando los acuerdos de libre comercio que tiene Estados Unidos hoy con 11 países de América Latina.

De esta manera,  las zonas francas y las zonas económicas especiales de América Latina son, sin duda alguna, los mejores lugares para atraer y retener la inversión  y requerirán mas que nunca, todo el apoyo político tanto de sus Gobiernos nacionales y locales, como de las entidades multilaterales.

El autor es presidente de Araújo Ibarra & Asociados