A 30 años de su nacimiento, la situación del Mercosur es tan compleja que si fuera un alumno al que se somete a evaluación obtendría muy buenas calificaciones en ciertos aspectos y rotundos aplazos en otros.

Es que como explica Ignacio Bartesaghi desde Montevideo, no sólo “hay un Mercosur para cada ciudadano”, sino que si lo que se busca es hacer una evaluación ecuánime de su desarrollo, deben tenerse en cuenta las distintas facetas del acuerdo que Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay firmaron en 1991: hay un Mercosur social, uno político, otro económico, y otro comercial, enumera.

El Director del Instituto de Negocios Internacionales de la Universidad Católica del Uruguay y autor del libro “Mercosur. Su desarrollo normativo frente a las tendencias mundiales” distingue diferentes etapas y asigna puntajes diferentes para cada tiempo.

El espíritu de los creadores

“No debemos olvidar que el Tratado de Asunción es netamente económico y comercial, todo el desarrollo posterior tiene que ver con definiciones de algunos gobiernos que no reflejan necesariamente el espíritu de sus creadores. En ese sentido, en sus tres primeras décadas el puntaje global sería entre 5 y 6”, arranca.

Sin embargo, Bartesaghi reconoce que el bloque “tuvo un buen desempeño hasta 1997–1998 –la calificación trepa a 7/8-, cuando se registraron logros bien interesantes. Luego comenzó el declive por la devaluación de Brasil, y de ahí en adelante se abandonaron definitivamente las metas integracionistas y se priorizó la política nacional”.

Los presidentes Fernando Collor de Melo (Brasil), Andrés Rodríguez Pedotti (Paraguay), Carlos Menem (Argentina) y Luis Alberto Lacalle (Uruguay) durante la firma del Tratado de Asunción, en 1991.

El analista uruguayo cree que el llamado “relanzamiento del Mercosur”, que inició en 2000, fue un salto hacia adelante, con objetivos muy pomposos que en la gran mayoría de los casos no se cumplieron y están pendientes, con la excepción de la bien valorada creación del Focem (Fondo para la Convergencia Estructural del Mercosur) y la aprobación del Protocolo de Olivos.

Horrores jurídicos

“Luego tuvimos años de politización y horrores jurídicos como el ingreso de Venezuela por la ventana, el incumplimiento de los laudos y paralización absoluta de un sistema de solución de controversias en el que ya nadie cree, además un gran rosario de incumplimientos de las normas. Pero lo más grave quizás es que durante años nos dimos el lujo de darle la espalda a lo que estaba ocurriendo en el mundo y perdimos muchas oportunidades. Claro, estábamos en la cresta de la ola de los precios de las commodities a impulso de las compras voraces de China y distraídos con la creación de foros políticos en la región”, agrega.

Por último señala que en 2015 se intentó regresar al Mercosur económico y comercial, con algunos avances concretos en la agenda interna y externa, como el cierre del acuerdo con la Unión Europea, pero que pocos años después nuevamente estamos insertos en la incertidumbre, lo que confirma que “una vez más, la región adolece de políticas de Estado y visión a futuro, quedando enredada cada cierto tiempo en los asuntos de política interna y en manos del perfil de los presidentes de turno”.

Reprobado

Marcela Cristini está convencida de que si lo que se evalúa es el aspecto económico, “claramente el Mercosur sale reprobado”.

La economista de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), explica que en los temas económicos, el bloque no ha logrado una convergencia macro y a lo largo del tiempo viene perdiendo el ancla del intracomercio que es central a su construcción.

“En los ’90, el intracomercio en el Mercosur alcanzó un 25% de participación en el comercio externo total de los socios (en otros acuerdos como el ex Nafta o la UE ese porcentaje supera el 50%). Pero esa participación se fue reduciendo en la década siguiente. Como ocurre también en el resto de América latina el aumento de las importaciones, sobre todo en Brasil, estaba siendo abastecido crecientemente por China. En consecuencia, la Argentina redujo la participación en las importaciones de Brasil desde el 11,2% en 2001 hasta el 6% en 2019, mientras que China incrementó su participación en el mismo período desde 2,4% a 19,9%.

El sector automotor, una de las claves en la relación comercial de Argentina y Brasil.

Para Cristini, los mayores cambios dentro del Mercosur se dieron por el desacople industrial entre Argentina y Brasil.

“En 2007, Argentina recibía el 32% de sus importaciones industriales desde Brasil y ese porcentaje se había reducido al 20,8% en 2019. Del mismo modo, el 6,8% de las importaciones industriales del Brasil provenían de la Argentina en 2007, mientras que en 2019 ese porcentaje cayó a 5,4%. El sector automotor siguió siendo el intercambio más importante entre ambos países”, detalla.

Desde Brasil

Desde Brasil, Lia Valls y Welber Barral coinciden en diferenciar el aporte clave del bloque a la consolidación de la democracia en la región, de la pobre performance en cuestiones económicas.

Valls, investigadora asociada de FGV IBRE (Fundación Getulio Vargas-Instituto Brasileiro de Economía) comenta que si se piensa en los objetivos del Tratado de Asunción del Mercosur para potenciar la competitividad de los países y mejorar el bienestar de la población, el bloque alcanzaría apenas 4 puntos.

Justifica la calificación en el hecho de que para las pymes y el comercio transfronterizo, Mercosur era importante, y que en el caso particular de Brasil abrió un mercado que se consideraba marginal para muchas empresas.

Cláusula Democrática

Como contrapartida señala que, aunque sufrió algunas interpretaciones no consensuadas, la Cláusula Democrática fue una ganancia importante, tanto que si sólo tuviera en cuenta ese aspecto el bloque obtendría un 9.

“Los intercambios culturales (Bienal del Mercosur, mientras existió), el diálogo entre ciudades (Mercociudades), el intercambio de estudiantes, y el estímulo a las iniciativas comunes son un legado importante. El reconocimiento de los sistemas de bienestar, otra ganancia. En Brasil, la lengua española pasó a formar parte de los planes de estudio y aumentó su presencia en los concursos y los requisitos lingüísticos. Los brasileños han descubierto en parte Sudamérica acercándose a sus vecinos del Sur”, dice la especialista en Comercio Exterior.

Combatir la desconfianza geoestratégica

Barral es quien da la mejor puntuación al bloque.

Consultor de organismos internacionales y empresas en América latina desde hace más de 30 años y secretario de Comercio Exterior de Brasil entre 2007 y 2011, recuerda que, en su origen, el Mercosur fue pensado como un mecanismo para reducir la desconfianza geoestratégica entre países que salían de dictaduras, y que es ese sentido la nota debería ser 10.

“Claro que en términos de integración económica no pasa del 7, porque nos faltó el coraje político para reforzar las instituciones regionales. Parte de esta responsabilidad deriva del personalismo de los presidentes del período, cuya buena voluntad avanzaba o retrasaba esta tarea. Si fuéramos regímenes parlamentaristas, seguramente la historia sería otra”, evalúa.

Resiliencia

Julieta Zelicovich, Doctora en Relaciones Internacionales, profesora en la Universidad Nacional de Rosario e Investigadora de Conicet, elige como nota global 7.

“El Mercosur ha cumplido su objetivo primario: constituir una zona de paz y generar un mecanismo de diálogo y concertación de políticas entre los miembros, que ha trascendido gobiernos de distinta filiación ideológica y cambios en la coyuntura global. La liberalización del comercio fue en gran parte instrumental a los fines de la paz y el desarrollo entre los miembros”, comienza.

Sin embargo, señala a continuación 30 años después del Tratado de Asunción, “el debilitamiento de los vínculos comerciales y la reducción en la interdependencia económica comercial entre los miembros se presentan como una amenaza para aquellos objetivos fundacionales”.

Zelicovich enfatiza que el éxito más grande del Mercosur es la resiliencia, su adaptación a los cambios de coyuntura regionales y externos para mantener esos objetivos iniciales y perdurar como política de Estado.

¿Y su mayor fracaso? La comunicación, responde sin dudar.

“Por fuera de un reducido círculo político-diplomático y la academia, el Mercosur no es percibido masivamente por el sector empresario ni por la sociedad civil como un instrumento que genere beneficios para los países miembros, a pesar de ser tremendamente significativo para el bienestar económico y social”, sostiene.