Vilipendiada por años, la casi exánime marina mercante argentina incorporó un buque a la bandera nacional: el Argentina C, un portacontenedores con ingeniería y fabricación local.

Aun cuando la ley de marina mercante no exhibe incentivos suficientes para el desarrollo, cuando el financiamiento es exiguo o inalcanzable para estimular la industria naval, cuando el entramado laboral y fiscal impiden un desarrollo en igualdad de condiciones con banderas de países vecinos, la compañía Servicios Marítimos, del grupo Vessel, decidió encarar el proyecto.

Y así como en todo emprendimiento que en la Argentina se hace cuesta arriba, es en los símbolos donde reside el valor de la empresa. En el caso del Argentina C, más allá de los 860 TEU que pueda conectar entre puertos argentinos, su diferencial está en que fue pensado como buque escuela.

Valor máximo

Es decir, desde el punto de vista del armador –una UTE compuesta por Servicios Marítimos y empresas del practicaje del Río de la Plata (SIPSA) y del Paraná (COPRAC)– el valor no está en la apuesta por la industria nacional, por la bandera argentina o por sumar el primer portacontenedor en 30 años al pabellón argentino. 

El valor máximo surge de la posibilidad de brindarle a los cadetes de las escuelas náuticas de la Argentina (invitación sumada al Uruguay) la posibilidad de contar con las singladuras necesarias para tener su certificado según estándares internacionales y graduarse.

El Argentina C, con sus 200 enchufes reefer, ya fue contratado principalmente por MSC, que retiró un buque de bandera extranjera del servicio que realizaba conectando Rosario, Zárate y Mar del Plata (puerto que abandona) para “recolectar” contenedores y transbordarlos en Montevideo, y eventualmente Buenos Aires.

MSC tendrá prioridad, pero la china Cosco también sumará carga en el buque. Lo mismo que Maersk y Hamburg Süd, que muchas veces se quedan sin bodega en Rosario y complican la conexión de las cargas.

Obsesión

La obsesión (“tesonera o testaruda”, según calificó la CEO de la empresa, la capitana Mónica Navarro en su discurso inaugural), por formar profesionales embarcados –con 6 camarotes doble, gimnasio y área de esparcimiento– es una reincidencia del armador.

El grupo ya lo había intentado en 2004, con el Anabisetia S. “Fue un acuerdo con la Armada y los gremios. Pero se terminaron peleando entre ellos y denunciándose unos a otros. A los dos años lo llevamos a Paraguay”, confiaron a Trade News fuentes de la empresa.

Para que no se repitiera la situación, esta vez Servicios Marítimos recurrió a los prácticos: empresas, cooperativas y profesionales individuales juntaron los fondos necesarios para equipar el gimnasio del buque y para las raciones mensuales de alimentos para los cadetes.

Luego, se acercarían los centros gremiales de Capitanes y Maquinistas ofreciéndose a colaborar en el Argentina C.

La marina mercante argentina, lejos de renacer todavía, muestra símbolos de reinvención que la política necesitará resignificar en función del destino que quiera darle.

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