Mientras el Gobierno concentra una parte importante de sus expectativas en los dólares de la cosecha gruesa, las restricciones y distorsiones al comercio exterior heredadas continúan vigentes.

Tras la sequía que afectó las campañas anteriores, las condiciones climáticas más favorables trajeron esperanza, pero los volúmenes y los rendimientos de los granos necesitan más que lluvia, y son los fertilizantes los que determinan cuántas toneladas podrán cosecharse y exportarse, y cuántas divisas ingresarán en definitiva.

El agro argentino se caracteriza por la siembra de verdaderos paquetes tecnológicos que incluyen desde la biotecnología aplicada a las semillas a los fertilizantes que activan el potencial de la misma para un mayor rendimiento y productos fitosanitarios que garantizan protección contra malezas, insectos, etc.

Si bien la Argentina produce fertilizantes, no logra satisfacer su demanda y debe importarlos.

Herencia

El cepo al comercio exterior limitó al máximo las importaciones y las multinacionales dedicadas a la comercialización de insumos internacionales tuvieron que convivir con cupos limitados y el ingreso al mercado de un nuevo competidor: YPF.

La petrolera estatal contaba con mayores “facilidades” para obtener autorización en el marco del SIRA y dólares para girar, al punto que logró una participación en el mercado de importación de fertilizantes del orden del 30% según fuentes del sector.

Pero el grifo también se le cerró a YPF y derivó en una situación insólita: no pudo pagar los fletes de los buques ni la carga de urea y fosfatos, y son más de 60.000 toneladas que permanecen en “almacenamiento flotante” en buques anclados.

De esta manera, al default con los proveedores del exterior, se suma el default con los productores que no pueden recibir el fertilizante esperado y que, además, no consiguen en el mercado: no sólo por falta de disponibilidad, sino porque no hay precio o los valores son exorbitantes.

A la espera

“Hay al menos 7 buques fondeados, esperando el atraque en el Puerto de San Nicolás, con un costo diario de por lo menos US$ 100.000 por día en concepto de demora”, explicó un operador marítimo interiorizado de la situación.

Cada uno de esos buques trae mercaderías para varios clientes. Por lo tanto, los buques ingresaron en el sistema de navegación, pagaron el peaje, el servicios de practicaje, de remolque y amarre, y se procedió a la descarga de los clientes que ya tenían autorización.

Luego, los buques tuvieron que salir del sistema para liberar el puerto y la vía navegable con la carga de YPF (volviendo a pagar por los anteriores servicios). Ahora permanecen “fondeados” en Recalada esperando la regularización del pago. Como un reloj de taxi, los dólares por la demora se siguen acumulando. 

Fuentes del mercado indicaron que “YPF vendió ese fertilizante pero va a empezar a defaultear el contrato con los productores porque no va a poder entregar y encima acumula costos por la demora y por el almacenamiento flotante del fertilizante”. 

Momento crítico

El momento actual es crítico porque, tras las lluvias, se logró la humedad necesaria para el comienzo de la siembra. Ahí es cuando se abre la ventana de aplicación de los fertilizantes que, por ahora, están en las bodegas de los buques. 

De acuerdo con analistas consultados, son casi 6 millones de dólares adicionales que YPF deberá cancelar debido a las multas por demora en la descarga, a lo que debe sumarse el costo del fertilizante.

La imposibilidad de abastecer el mercado interno impone serios condicionamientos tanto a la siembra como a la correspondiente cosecha futura. Con un menor rendimiento al esperado, los volúmenes de las exportaciones de la cosecha gruesa bajarán. Mismo resultado le espera a las divisas que tanto espera el gobierno de Javier Milei para mitigar el impacto de los ajustes emprendidos.


Imagen de portada: Franck Barske en Pixabay