Las recientes declaraciones de la Vicepresidente de República Argentina, Cristina Fernandez, están muy lejos de resultar sorpresivas. Forman parte de una visión maniquea muy característica de su modelo de gestión: a cada problema, hay que buscarle una causa (o más bien, un enemigo que lo causa).

Cuando esa visión posa su lupa sobre el comercio exterior argentino, resulta que el enemigo público Nº 1 siempre son las importaciones.

El error de simplificar el diagnóstico

Un nutricionista no explicará el sobrepeso sólo por la cantidad de calorías que consumimos, ni un cardiólogo atacará al colesterol como única causa de una arterioesclerosis.

Atribuir la falta de dólares o la escasez de reservas a un “festival de importaciones” es en exceso simplista. Además, dificulta la búsqueda de soluciones, dado que éstas partirían de un diagnóstico equivocado.

Errar el diagnóstico desvía la atención del problema real e induce a la opinión pública a ver el espectro importador como los malos de la película, sin sopesar su aporte desde diversos puntos de vista:

  • El tejido productivo e industrial
  • Las exportaciones (especialmente las de alto valor agregado).
  • La necesaria competencia en el mercado

Las importaciones “nutritivas”

El abastecimiento externo de la Argentina responde en más de un 80% a insumos productivos y bienes de capital.

Desde el punto de vista del marketing técnico, hay exportaciones de valor agregado cuya penetración en mercados externos se respalda en parte en la inclusión de insumos de calidad internacional, suministrados por los mejores fabricantes de todas partes del mundo.

¿Sería sensato privarse del valor nutricional de superalimentos, como los frutos secos, sólo por tener un alto contenido calórico?

¿Sería sensato dificultar importaciones por un millón de dólares en insumos industriales a un fabricante de bienes de capital que exporta por US$10.000.000?

La industria automotriz es un claro ejemplo de la estrecha relación entre importaciones y exportaciones.

Administrar en base a diagnósticos equivocados

Imaginemos por un momento que un gobierno decide restringir la importación de alimentos cuyas características nutricionales parecen perjudiciales para nuestro organismo.

Si ejecuta su decisión basándose en un diagnóstico sesgado sobre lo que esos alimentos nos aportan nutricionalmente, ¿cuál sería el resultado?

Italia y España se encontrarían en dificultades para exportarle aceite de oliva. Su alto contenido graso puede ser visto negativamente.

Holanda afrontaría un desafío similar para venderle pasta de maní, por su elevado contenido graso y calórico.

Argentina, Uruguay y Paraguay se verían en problemas para abastecerle carne, debido a su alto contenido de colesterol.

Un nutricionista del comercio exterior

Ese gobierno debería contratar a un asesor nutricional que explique que gran parte de las grasas del aceite de oliva no sólo no son perjudiciales, sino que son beneficiosas.

En la misma línea, destacaría el contenido proteico de la carne y la pasta de maní, con la adecuada combinación de proteína animal y vegetal en el organismo.

Asimismo, remarcaría la importancia de recuperar energía, mediante el descanso, para que haga menos falta obtenerla por otros medios, como los alimentos. Dormir más, comer menos.

Décadas de desidia en materia energética explica que actualmente se requieren decenas de miles de millones de dólares anualmente en importación de energía.

En tiempo y forma

Aun cuando el Gobierno insista discursivamente en la sintonía fina con la que administrarán el comercio, otra de las características de su visión simplista es fundamentar todo en términos de números fríos y absolutos.

No se trata simplemente de la cantidad de dólares que salieron por importaciones en determinado período. Se trata de que esas importaciones se realicen cuando las empresas las necesiten.

Fabricantes y exportadores necesitan certidumbre, de tiempos y costos, sobre el abastecimiento de insumos productivos y máquinas.

Necesitan previsibilidad para producir y entregar a tiempo al cliente, para pagar a tiempo al proveedor de exterior, para cumplir contratos, etc.

En materia de comercio exterior, todo obstáculo técnico-operativo tiene implicancias comerciales.


El autor es Licenciado en Comercio Internacional 

Imagen de portada: Secretaría de Cultura de la Nación.