Expertos del Instituto de Energía de la Universidad Austral analizaron la capacidad argentina para ser un jugador internacional clave en la transición energética y la descarbonización del transporte a partir del potencial de Vaca Muerta, el litio y el hidrógeno.

Las líneas de análisis cubrieron prácticamente todo: los efectos del bloqueo al gas de Rusia a partir de la invasión a Ucrania; la carrera norteamericana desde la importación al autoabastecimiento y la exportación de GNL; la idea europea de volver a producir insumos estratégicos en el continente a partir de las enseñanzas que dejaron la pandemia y el caos logísticos de los últimos dos años; y, desde luego, los desafíos que persisten en la Argentina para materializar la prefactibilidad de cada proyecto en una unidad operativa rentable y sustentable.

Contexto

Como líder global en la transición energética hacia 2050, Europa está viendo cómo todo se derrumba desde principios de año: “Pasaron de proyectar que estaríamos ante los últimos años de la economía de los fósiles a analizar, en estos días, cómo compensar con el carbón y el GNL el cierre de un gasoducto de 1200 kilómetros, inaugurado hace 10 años, que aseguraba gas ruso barato”, explicó Luciando Codeseira, codirector del Instituto de Energía de la Universidad Austral.

“Chau gas seguro y barato ruso (para Europa). Hola al liderazgo de los Estados Unidos que en las décadas del 80 y 90 estaba preocupado por lograr su autoabastecimiento energético, y hoy usa la energía como arma central de su diplomacia”, añadió.

No hay casualidades cuando se cruzan los caminos de los combustibles, las potencias y los conflictos bélicos: hoy Estados Unidos es uno de los tres líderes globales en licuefacción de gas, junto con Australia y Qatar. Entre los 3 concentran el 55% de la producción global de GNL (77 millones de toneladas por año).

“La Administración de Información de Energía (EIA, en inglés) de los Estados Unidos informó que esperan adelantar al menos en 2 años todos los proyectos de GNL debido a los altos precios actuales y el aumento de la demanda”, indicó Codeseira.

Otro dato: hace 14 años, Estados Unidos proyectaba que para 2020 importaría 20 billones de pies cúbicos; hoy están capacitados para exportar esa cantidad.

Vaca Muerta hoy

“Vaca Muerta hoy explota el 1,5% de su capacidad de gas natural y el 1,6% de petróleo. El potencial es de 100 años de producción de petróleo y 240 para el caso del gas. Pero si quisiéramos acelerar los desarrollos, con la infraestructura y los dólares necesarios, en 25 años seríamos el 5° productor mundial de petróleo, y exportaríamos US$ 100.000 millones. Para el caso del gas natural, en 50 años podríamos convertirnos en el 4° productor global y tercer exportador”, apuntó, tras aclarar rápidamente: “Esto es soñar y pasarnos de optimismo, pero las condiciones están”.

Parte de ese optimismo podría centrarse en la productividad que registran los desarrollos locales. “Vaca Muerta, en gas natural, es superior al resto de los campos de Estados Unidos en BCF (billones de pies cúbicos de gas) cuando se ve la producción de un pozo en los primeros 14 meses de actividad; y en petróleo se destaca todavía más”, explicó el experto.

“Tenemos los recursos, la productividad, los mercados externos, los precios altos y, si agregamos la infraestructura para evacuar la producción podríamos exportar petróleo desde Vaca Muerta en 2030. Si sumamos los derivados, el hidrógeno y el litio, estamos un polo de generación de divisas de alrededor de US$ 35.000 millones”, concluyó.

El camino del litio

A propósito del litio, Codeseira ilustró: “Sus precios pasaron por varias fases y se esperaba un equilibrio en torno a los US$ 12 la tonelada de LCE (carbonato de litio, uno de los principales productos). Hoy están en el orden de los US$ 75. Están volando”.

José de Castro, profesor del Posgrado en Producción de Litio de la Universidad Austral, confirmó los datos. “Es de vital importancia para nuestro país sumar el potencial del litio con Vaca Muerta”, advirtió.

El litio, y sus derivados, es uno de los minerales claves en lo que refiere a la electromovilidad. “Es una tendencia irreversible que consolida los logros en la producción de baterías, celulares y computadoras”, refirió.

Hay dos fuentes principales para la producción de litio: las salmueras y los minerales. La Argentina, junto con Chile y Bolivia, se ubica en el primer grupo. 

“La Argentina tiene la mayor cantidad de recursos minerales de litio del mundo, mientras que Chile tiene las mayores reservas. Desde 2015, Australia es el principal productor”, dijo De Castro.

Producción

Nuestro país tiene dos plantas en producción, 8 plantas en estado avanzado de construcción, estudio de factibilidad y análisis potencial y 35 proyectos en otras etapas. La mayoría se concentra en el norte, en las Punas jujeña, salteña y catamarqueña. 

 

La del litio es una industria netamente química y requiere muchos años de transferencia de tecnología y curva de aprendizaje.

El incentivo está en el mercado: el precio del carbonato de litio es hoy 10 veces superior al de hace 3 años. Es decir, a inicios de la pandemia se ubicaba en torno a los US$ 6000 la tonelada. Hoy ya cotiza alrededor de los US$ 80.000 la tonelada. 

Para más incentivo: por cada 10 dólares de exportaciones que ingresan por la exportación de carbonato de litio, sale sólo 1 dólar en importaciones. 

La cuestión logística presente siempre

¿Qué otro desafío enfrenta esta producción, más allá del tiempo y la sostenibilidad de cada una de sus plantas, en línea con el cuidado social y ambiental? La logística: la producción es insumo dependiente y por cada camión que baja con el producto terminado se necesitan dos camiones que suban con insumos. 

“La realidad es que por cada tonelada de carbonato de litio que se producen hacen falta dos toneladas de carbonato de sodio. Con un incremento proyectado del volumen del orden del 400%, sin dudas la logística será clave en todo el proceso”, concluyó.

Matías Catueño, profesor de la Diplomatura en Gestión del Hidrógeno, del Instituto de Energía de la Austral, delineó a su vez las características de esta producción clave sobre todo para la descarbonización del transporte pesado terrestre. 

“Tenemos que ver cómo nos integramos en este rubro donde todo es potencial y crecimiento”, dijo el especialista.

 

Pero nuevamente, como en el caso del litio y, por qué no, como en el gas y el petróleo de Vaca Muerta, con el hidrógeno sucede algo similar: moverlo es todo un desafío. 

“El hidrógeno posee tres veces más energía por unidad de masa que los gases convencionales: es el gas más liviano y es poco denso. Pero el problema que tiene es su volumen, por lo que necesita ser comprimido o usar carriers como el amoníaco para que su transporte se garantice de manera viable”, explicó.

Recién este año se realizó el primer transporte marítimo de hidrógeno líquido obtenido a partir de carbón, desde Australia a Japón.

El caso del hidrógeno

“El hidrógeno se produce a partir de los hidrocarburos, en gran parte a partir de gas natural y carbón, y de manera marginal a partir de la electricidad. Su uso principal hoy es la industria petroquímica, pero su desarrollo futuro está atado a la descarbonización”, amplió.

Mientras Europa y Asia son los importadores neto de hidrógeno, entre los países exportadores se encuentra la Argentina, que si bien puede obtenerlo a partir de la electrólisis, las reservas importantes de gas con las que cuenta el país allanan este camino productivo, siempre y cuando se realice también la captura del Co2 que tiene el proceso. 

La Argentina tenía una ley marco que perdió vigencia por no haber sido reglamentada. “Es muy importante tener una ley que marque la hoja de ruta para incentivar su producción”; apuntó. 

El principal proyecto en marcha es el de la australiana Fortescue, que anunció US$ 8400 millones para el país, con un desarrollo integral: ser dueños del parque, productores del hidrógeno y exportadores del mismo.

“En función de los recursos con los que contamos, podemos repetir la iniciativa”, señaló.


Imagen de portada: “Vaca muerta” por Lm neuquen, bajo licencia CC BY-SA 4.0.