El panorama actual del transporte marítimo está definido por una combinación compleja de volatilidad en los costos de flete y riesgos geopolíticos persistentes en puntos críticos del comercio mundial.
Estas dinámicas, explicó la consultora especializada Drewry, aunque distintas en su origen, convergen para crear un entorno de incertidumbre que exige una gestión de riesgos proactiva por parte de los cargadores y una reevaluación estratégica de las rutas y cadenas de suministro globales.
Fletes volátiles
Más de cinco años después de las interrupciones masivas de la era COVID-19, la volatilidad de las tarifas de flete se ha consolidado como una característica permanente del transporte marítimo. Las rutas Este-Oeste son las más afectadas por esta inestabilidad, mientras que las intra-Asia muestran una notable estabilidad.
Las causas de esta volatilidad son multifacéticas, incluyendo disrupciones geopolíticas como los ataques en el Mar Rojo, cambios en el equilibrio entre oferta y demanda, alteraciones arancelarias súbitas (que provocan carga anticipada y pausas en los volúmenes de envío), y el aumento de los costos de seguros o combustible ante riesgos de seguridad.
Por ejemplo, las tarifas spot transpacíficas de Asia a la Costa Oeste de EE. UU. se redujeron a la mitad entre enero y marzo de 2025, para luego duplicarse entre marzo y junio del mismo año, evidenciando una sensibilidad aguda a los anuncios arancelarios y a los cambios en la capacidad y la demanda.
Riesgos directos
Esta fluctuación implica riesgos directos para fabricantes, minoristas, exportadores e importadores que operan con acuerdos spot: desde aumentos inesperados en los costos hasta márgenes negativos en exportaciones, menor competitividad y sobrecostos logísticos.
El impacto es especialmente severo para productos de bajo valor, donde un costo adicional de US$ 2000 por contenedor puede eliminar por completo el margen. Incluso los cargadores con contratos anuales han experimentado la tendencia de recargos inesperados (como los relacionados con el Mar Rojo desde finales de 2023).
El riesgo de costo es particularmente alto en las rutas Este-Oeste, donde la desviación estándar de las tarifas spot ha sido de aproximadamente US$ 1400 por contenedor de 40 pies en los últimos dos años. Las rutas Norte-Sur también muestran una volatilidad material. En contraste, las rutas intra-Asia presentan un riesgo de volatilidad de costos siete veces menor que las Este-Oeste, lo que contribuye a su estabilidad y crecimiento.
Geopolítica crítica
No está de más recordar que la estabilidad de las cadenas de suministro también está intrínsecamente ligada a la seguridad de los puntos de estrangulamiento globales. En este punto, un caso emblemático -por ser considerado un paso crucial- es el Estrecho de Ormuz.
Por aquí pasa el 65% de las exportaciones de petróleo de Irán y es una arteria principal para el petróleo y GNL del Golfo Pérsico. Aunque nunca se ha cerrado completamente, ni siquiera durante la “Guerra de los Petroleros” (1980-1988) o en picos de tensión como 2011-2012 y 2018-2019, las amenazas de cierre persisten, especialmente a la luz del conflicto actual entre Israel e Irán y la participación de EE. UU.
Amenazas
Las amenazas de Irán de cerrar el Estrecho son, más que un plan estratégico viable, una ficha de negociación desesperada. Teherán sabe que un bloqueo total paralizaría su propia economía y alienaría a sus socios clave. Sin embargo, la posibilidad, aunque remota, tiene un impacto inmediato.
Un cierre podría hacer que el precio del Brent supere los $100 por barril y que los precios spot del GNL rocen los $25-30/MMBtu, generando caos económico, especialmente en economías asiáticas. Países como Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos podrían desviar parte de su flujo energético mediante oleoductos alternativos, pero otros, como Qatar, tendrían opciones limitadas.
La respuesta de los armadores ha sido cautelosa, adoptando protocolos de seguridad estrictos y coordinando con aseguradoras. El mercado de fletes ya ha visto un repunte significativo, con tarifas para VLCC (Very Large Crude Carriers) en rutas del Golfo al Este/Lejano Oriente aumentando hasta un 70% y 45% respectivamente entre el 13 y el 20 de junio de 2025, impulsadas por las primas de riesgo de guerra.
Efectos y estrategias
La persistente inestabilidad en zonas clave como el Golfo Pérsico, junto con la volatilidad general de las tarifas de flete, podría impulsar cambios duraderos en las cadenas de suministro.
A mediano plazo, los compradores podrían buscar fuentes de crudo fuera del Golfo, lo que generaría rutas comerciales más largas y aumentaría la demanda de toneladas-milla. A largo plazo, el riesgo continuo podría llevar a inversiones en puertos alternativos y nuevas rutas de oleoductos. Una interrupción prolongada obligaría a los compradores a reducir permanentemente su dependencia de los productos energéticos del Golfo.
Técnicas de mitigación
Ante esta realidad, los cargadores deben prepararse para estos riesgos y buscar mitigarlos. Las técnicas consolidadas incluyen la transición a contratos anuales más estables, la construcción de relaciones sólidas con los transportistas basadas en compromisos mutuos, y la revisión del lenguaje contractual para protegerse contra recargos unilaterales.
Las técnicas emergentes abarcan el uso de futuros de flete para cubrir el riesgo de volatilidad, la preparación de pronósticos de tarifas y escenarios, y la revisión de las ubicaciones de abastecimiento para reducir riesgos logísticos y arancelarios.
En síntesis, tanto la fluctuación de los costos de flete como los puntos calientes geopolíticos redefinen la percepción del riesgo en el transporte marítimo global. La capacidad de anticipar, adaptarse y diversificar las estrategias logísticas será crucial para la resiliencia.















