El impacto de la guerra en Medio Oriente obligó a Estados Unidos a suspender temporalmente la centenaria Jones Act para evitar el colapso energético, una decisión que interpela todas las normas instrumentadas para proteger -bajo los argumentos de seguridad nacional- a los puertos y las fronteras norteaericanas.

La Jones Act es la ley que protege el cabotaje en los Estados Unidos, obligando desde 1920 a que los bienes que se mueven por agua en dos puertos norteamericanos lo hagan en buques construidos en ese país, con bandera y tripulación local. Ahora, entre las disrupciones logísticas y el shock en los precios de los commodities derivados del conflicto bélico, el presidente Donald Trump aprobó una exención temporal (waiver) de la histórica ley y permitirá que buques de bandera extranjera transporten petróleo y otros recursos estratégicos entre puertos estadounidenses.

La medida tendrá una vigencia de 60 días y representa la suspensión más amplia de esta legislación en la historia reciente, según analizó The Wall Street Journal. Su objetivo es inyectar capacidad de bodega de forma urgente en las rutas de cabotaje norteamericanas, mitigando el impacto del conflicto bélico desatado a fines de febrero que paralizó las exportaciones a través del Estrecho de Ormuz.

El cepo del cabotaje

Promulgada en 1920, la Jones Act protege al máximo el cabotaje. En tiempos de paz, es el escudo protector de los astilleros y los sindicatos marítimos locales. En tiempos de crisis, se convierte en un embudo logístico insalvable.

Para dimensionar la asimetría de la flota: de los casi 7500 buques tanque petroleros que operan a nivel mundial, apenas 54 cumplen con los requisitos de la ley. Frente a un mercado global de la energía completamente alterado, esa ínfima oferta de bodega se volvió un factor crítico.

“Esta acción permitirá que recursos vitales como el petróleo, el gas natural, los fertilizantes y el carbón fluyan libremente hacia los puertos de EE. UU. durante sesenta días”, justificó Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca, al oficializar la decisión que busca asegurar el abastecimiento interno.

Reservas estratégicas 

La suspensión del cabotaje reservado no es una medida aislada. El waiver entra en vigencia en el momento exacto en que la administración estadounidense se prepara para liberar hasta 172 millones de barriles de crudo de la Reserva Estratégica de Petróleo (SPR).

Sin la exención de la Jones Act, transportar ese crudo habría requerido fletar la escasa y costosa flota de bandera estadounidense. Ahora, la apertura permitirá que buques tanque extranjeros —cuyos costos operativos y fletes son sustancialmente menores— compitan en las rutas costeras, incluyendo el corredor más vital del país: el que une las refinerías del Golfo de México con el Noreste de Estados Unidos.

Grieta petrolero-marítima

Como era de esperar, la decisión abrió una profunda grieta. Mientras la industria energética apoya la flexibilización logística que facilitará el transporte interno en medio de la crisis, el sector marítimo estadounidense advierte sobre las consecuencias a largo plazo.

Desde la Asociación de Servicios Marítimos Offshore (OMSA), su presidente, Aaron Smith, fue categórico en su rechazo: “Suspender la ley en un intento de abordar el aumento de los precios del combustible no funcionará y pondrá en peligro los empleos estadounidenses, los ingresos fiscales y el futuro de la industria marítima”.

Para el directivo, la exención solo “crea oportunidades para operadores de bandera extranjera que evitan pagar impuestos en EE. UU., dependen en gran medida de mano de obra de bajos salarios y operan bajo regímenes regulatorios que eluden las normas internacionales”.

El consumidor como prioridad

Sin embargo, ante la emergencia de un conflicto geopolítico que cortó de cuajo el tránsito en Medio Oriente, Washington priorizó la contención de los precios internos y la seguridad de la cadena de suministro por encima del lobby naviero.

El shipping global tiene ahora luz verde para operar, al menos por los próximos dos meses, en el mercado de cabotaje más codiciado del mundo.

La decisión norteamericana, que en esta oportunidad favorece la competencia para la baja de costos, podría inspirar también a la actual adminsitración argentina, que todavía no enfrentó el cepo del cabotaje local.