China encontró en México un aliado fenomenal para sortear la guerra comercial y arancelaria que se inició en 2018 con Trump, continuó con Biden y amenaza con llegar al paroxismo con el regreso de Trump al poder.
En los últimos 6 años, la inversión de China en México como puerta de entrada a Estados Unidos aumentó un 278%. Sólo en 2022, ascendieron a US$ 2500 millones, un 50% más que el promedio de los años previos.
Las importaciones de México desde China superaron en 2023 los US$ 9000 millones, triplicando las exportaciones (US$ 3300 millones) y confirmando que el ingreso de bienes chinos en México tiene omo destino final a Estados Unidos vía nearshoring.
Resultado
Conclusión: México es hoy el principal exportador de bienes a Estados Unidos, y superó a China por primera vez en casi 20 años. En 2023, México creció en sus embarques al país vecino un 4,6%; en cambio, las exportaciones de China a Estados Unidos cayeron un 20%.
El flujo inversor, comercial y productivo de China en México (para abastecer a Estados Unidos) hizo que prácticamente el 90% del comercio exterior mexicano dependa de la primera potencia del mundo. Trump seguramente tomará nota de esto.
El posicionamiento de China en América latina se expande a ritmos acelerados: por ejemplo, con la segunda potencia latinoamericana -Brasil- creció casi un 10% su comercio en lo que va del año. Los lazos entre Xi Jinping y Lula se expresaron en una tasa de crecimiento de casi 5 puntos porcentuales más alta que la tasa promedio de crecimiento de todo el comercio exterior chino.
Brasil y más
Este comercio entre Brasil y China asciende a los 158.330 millones de dólares en lo que va de 2024, año en que se cumple el 50° aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre los dos países, según recuerda Datamar.
Durante los últimos 15 años, China fue el primer socio comercial y destino de las exportaciones de Brasil, donde envía el 70% de su soja y mineral de hierro y el 40% de la pulpa y el petróleo crudo.
La huella china en Brasil, de seguro, será otro dato que Trump tomará en consideración, tras dejar en evidencia que Javier Milei es su aliado regional, presidente que mantiene una fría relación con Lula, y que tampoco puede entibiar su vínculo con China.
El tercer gran dato de la inmersión china en América latina es el puerto de Chancay, en Perú, recientemente inaugurado y con el objetivo de reconfigurar la logística de abastecimiento regional.
Patio ocupado
Parece que China, con sus tiempos lentos pero seguros, tomó en consideración que Estados Unidos hace rato olvida su “patio trasero”, configuración que le dio a América latina de una manera despectiva hace casi 50 años, y aprovechó para expandirse, considerando la riqueza de recursos naturales de la región no sólo para alimentar su población sino para alimentar su industria con minerales.
Ahora, todos los ojos están de nuevo en Washington. Y el 60% de aranceles a productos chinos parece ya una anécdota irrelevante en lo que podría ser un plan más agresivo. O más activo dentro de la política y la diplomacia internacional.
Tal vez el discurso de Trump, de protección local, se vacíe de contenido ante una amenaza mayor de China y su iniciativa Belt & Road (comercio y transporte) extendiendo influencia en América Latina. Y el mismo Trump decida influenciar en América Latina para contrarrestar a Pekín. En el caso argentino, con el FMI y la aprobación del ansiado nuevo programa.
Pero las necesidades latinoamericanas son demasiadas. China aceleró y Estados Unidos se frenó hace rato. Es cierto, hay acuerdos de comercio por renegociarse y hay infraestructura básica insatisfecha.
En el medio, la estrategia latinoamericana parece tan maniquea como la oferta de recursos disponibles. Una cosa es segura: una escalada en el conflicto entre Washington y Pekín traerá muchos dolores de cabeza a América Latina.
















