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Con una pandemia “madura”, hay cuestiones que permanecen sin visos de solución en todo el mundo.

Por ilógico que suene y a pesar de la proliferación de protocolos y recomendaciones emanados por los organismos internacionales, persisten las enormes dificultades para el recambio de las tripulaciones marítimas. En muchos casos, según denuncias gremiales, hay personal embarcado con hasta 12 meses sin haber tocado tierra.

Cada día navegan por el mundo 60.000 buques. Alrededor de 1 millón te tripulantes hacen que las cadenas de suministro y producción permanezcan activas en todo el mundo. En lo que va de la pandemia, 1 de cada 6 tripulantes permaneció a bordo más tiempo del que sus contratos prevén y del máximo permitido por la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Declarada actividad esencial, el comercio exterior carga también con esta crisis humanitaria: la imposibilidad de rotar los marineros y maquinistas conlleva una situación de stress y angustia muchas veces denunciada pero sin solución. En el peor de los casos, la combinación del cansancio y la incertidumbre puede conducir a errores graves y, en el peor de los casos, a una tragedia.

Denuncias globales

Así lo vienen denunciando entidades como la Organización Marítima Internacional (OMI), la Federación Internacional de Trabajadores del Transporte (ITF), la Cámara Marítima Internacional (ICS) y la Federación de Asociaciones Nacionales de Agentes Marítimos (Fonasba), con reclamos que también se suman a los realizados por los propios armadores que no pueden rotar personal.

La falta de un acuerdo global impide desde los traslados internacionales de los tripulantes para embarcarse o la repatriación de los mismos, pasando incluso por restricciones locales a la circulación, como sucede en la Argentina, donde armadores nacionales advirtieron que, más allá de ser considerados trabajadores esenciales, la norma nacional choca con la discrecionalidad provincial y hasta municipal para que los marineros lleguen a puerto o a sus domicilios.

Incluso, provincias como Tierra del Fuego exigen una cuarentena previa, en tanto que el Comité de Crisis restringe el relevo de tripulaciones extranjeras en puertos argentinos. Muchas veces, situaciones excepcionales se enfrentan, o bien con la inflexibilidad de los protocolos, o bien con la intransigencia de la burocracia.

Contratos excedidos en el plazo

El Financial Times se hizo eco de la “crisis humanitaria” que vive el trabajador embarcado, tras subrayar que hay casos de permanencia a bordo que incluso superan los servicios más largos permitidos por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), fijado en un máximo de 11 meses. El prestigioso diario habla de casos de hasta 17 meses a bordo.

“Los gobiernos de todo el mundo han suspendido los vuelos internacionales, cerrado las fronteras, los puertos y los aeropuertos y han impuesto restricciones de viaje a los extranjeros para limitar la propagación del nuevo coronavirus. Esas restricciones han repercutido directamente en la capacidad de los marinos para viajar entre los buques que constituyen su lugar de trabajo y su país de residencia”, advierte desde hace tiempo la OMI que, no obstante algunos progresos logrados.

Así, con restricciones de vuelos comerciales y aeropuertos cerrados, no sólo los marineros no pueden regresar a sus hogares, sino que tampoco pueden embarcar las tripulaciones de reemplazo.

La OMI advierte que en junio se contabilizaban hasta “300.000 tripulantes por mes” que necesitan vuelos internacionales para permitir el recambio. “Cerca de la mitad de ellos tendrán que ser repatriados por avión mientras que la otra mitad se unirá a los buques”, señaló el organismo, tras agregar que también hay “70.000 tripulantes de cruceros que aún aguardan volver a sus hores”.

Fatiga del trabajador, riesgo para el buque

“Los cambios de tripulación son vitales para prevenir la fatiga y cuidar la salud del trabajador, lo mismo que para mantener las condiciones de seguridad operativa” de los buques, señala la OMI. “No se pueden posponer (los recambios) indefinidamente”.

Más allá de permanecer prisioneros en alta mar, hay situaciones críticas que la pandemia no contempla, así como tampoco la negligencia de algunos países.

Por ejemplo, un tripulante ruso de 45 años sufrió un derrame cerebral a bordo y se le negó la entrada en un puerto extranjero para su tratamiento. Debió intervenir la ONU para evacuar finalmente al marinero.

Así, al cansancio se le suma también el miedo, no sólo de contagiarse de coronavirus, sino de sufrir algún percance médico grave y no poder tener la asistencia en tiempo y forma.

“Hemos instado repetidamente a los gobiernos a que designen al personal embarcado como trabajadores clave eximidos de las restricciones de viaje”, indicó la OMI que encabeza un comité internacional de crisis sanitaria y seguimiento del tema, junto con la ITF y la ICS. Este comité desarrolló protocolos globales que garantizan la seguridad de los cambios de tripulación, así como también certifica la seguridad de los buques para evitar la propagación de la pandemia.

Las circulares se distribuyeron a todos los Estados asociados. Entre ellos, a la Argentina.

Apoyo necesario a un rubro esencial

“Se insta a los gobiernos a que presten a ese personal el apoyo necesario, como las exenciones de las restricciones nacionales de viaje o de circulación, para que puedan subir o bajar de los buques y transitar por los territorios nacionales (por ejemplo, a un aeropuerto) para su repatriación. También deben garantizar que ese personal tenga acceso a un tratamiento médico de urgencia y, de ser necesario, facilitar la repatriación de emergencia”, manifiestan los organismos internacionales.

“Si no podemos cambiar nuestra tripulación, los barcos, en última instancia, no pueden continuar operando de manera segura. Y esto tendrá un impacto grave en el movimiento del comercio, en este momento de crisis e incertidumbre económica”, expresó el secretario general de la ICS, Guy Platten, en una carta dirigida al Reino Unido.

La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), que agrupa a las principales líneas aéreas de todo el mundo, no sólo mostró su solidaridad con la situación de los miles de tripulantes imposibilitados de trabajar y volver a sus hogares, sino que instó a cambios en los protocolos de seguridad y Migraciones en todo el mundo.

El director general y director ejecutivo de IATA, Alexandre de Juniac, señaló en un comunicado que “si los gobiernos identifican aeropuertos que la gente de mar puede utilizar para cambios de tripulación, y realizan los ajustes necesarios a los protocolos de salud e inmigración actuales, las aerolíneas pueden ayudar a mantener la logística global en movimiento”.