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Felipe Solá fue uno de los invitados especiales del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI). Durante una exposición enérgica, el canciller habló sobre sus objetivos al frente del Palacio San Martín, dejó varias definiciones respecto de la política internacional y se despidió aclarando que había tratado de no ser ofensivo.

“La polémica siempre está ahí en la Argentina, pero tenemos que mirar para adelante, cinchar para adelante y para eso cuento con todos ustedes”, dijo Solá antes de que Adalberto Rodríguez Giavarini, Presidente del CARI, agradeciera la sinceridad de su exposición.

“Nuestro país no imprime dólares. Recibe ingresos por exportaciones o por deuda, y nosotros no nos vamos a endeudar, así que debemos centrarnos en las exportaciones”, sentenció el canciller, quien junto con el Secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz, formaron parte del panel de apertura del seminario por los 42 años del think tank.

A lo largo de su exposición hizo una defensa enfática del Mercosur –“ha sido un logro comercial y político enorme para la Argentina y no lo vamos a abandonar”-; avisó que, “si pasa en Europa”, el acuerdo con la Unión Europea será enviado al Congreso en la Argentina; y aseguró que “la protección es un medio, pero nunca puede ser un fin”.

El trípode de la gestión

Solá detalló cuáles son los tres objetivos centrales de su gestión en la Cancillería:

  • Recuperar margen de autonomía externa.
  • Volver a impulsar las exportaciones hasta llegar a cifras que nos permitan cumplir con lo que estamos firmando, primero con los acreedores privados y ahora con el FMI.
  • Retomar la senda perdida de integración social, productiva, cultural y comercial con la región.

“No podemos pretender ir a otro lado si no empezamos por corregir nuestro problema con la región. Primero el Mercosur, política de Estado con 28 años de existencia y que tiene futuro… Si creemos que lo tiene, si por razones de desencuentros entre presidentes lo abandonamos, estamos en un grave error”, comentó.

“El Mercosur ha sido un logro comercial y político enorme para la Argentina y no lo vamos a abandonar”, enfatizó el ministro.

Entonces aclaró el desencuentro que se generó en abril, cuando Argentina anunció que congelaba las negociaciones que el bloque tenía en curso.

Despacito

“Nos hablaron de la palabra aceleración y ahí vino todo el problema. El 24 de abril, con la pandemia creciendo, Brasil nos habló de aceleración. Eso era: Bueno, vamos a firmar como sea. Dijimos no. Permanecer en una mesa y estudiar los temas sí, pero aceleración con Corea no podemos. Estaban también Líbano, Israel, Colombia –que nos interesa y mucho-, Centroamérica, Canadá –que nos interesan-, y Singapur y algún otro que seguramente olvido”, recordó.

Felipe Solá, acompañado por el jefe de Gabinete de la Cancillería, Guillermo Justo Chaves, durante la conferencia inaugural del Seminario por los 42 años del CARI.

“Nos opusimos a la palabra aceleración y en ese momento, injustamente, la prensa dijo que habíamos roto el Mercosur. Tres días después seguía la reunión de coordinadores del Mercosur. Y después hubo otras reuniones. Tanto Brasil como Uruguay se dieron cuenta de que no se podía provocar un problema político por el afán de acelerar lo que no se podía acelerar”, narró Solá.

Protección como medio

El canciller está convencido de que “hay que obligarse a pensar cambios fuertes que pongan a la Argentina en condiciones de competitividad en sectores que pensamos que todavía hoy deben ser protegidos. Pero hay que imaginar un cambio. La protección es un medio, pero nunca puede ser un fin. La economía cerrada no puede ser nunca un fin sino un medio para alguien que justifique que puede crecer, innovar”.

De acuerdo con su visión, la apertura comercial que propuso la Argentina durante la administración de Mauricio Macri fue, finalmente, una apertura financiera.

“Lo que se dio como sinónimo de regreso al mundo, lo que se llamó el regreso a los mercados, parecía desconocer lo que pasaba en el mundo en ese momento. En dos años, la Argentina se transformó en la mayor plaza financiera en dólares de América latina, emitiendo títulos de deuda por billones de pesos y regulando su cuenta capital”, dijo Solá.

Deuda y Venezuela

“El margen de maniobra del actual Presidente ha sido muchísimo menor que el del anterior”, comentó luego de señalar que la deuda contraída con el FMI es “única en el mundo”, por ser el mayor préstamo en la historia del organismo, el más corto y de mayor tasa.

“Se abandonó toda política de integración en América latina, de integración física e infraestructura, pero también comercial, política, cultural y productiva. Los países en América del Sur y en América latina en menor medida se han unido casi exclusivamente por una cuestión: qué piensan de Venezuela.¿A quién le sirve que nos unamos o desunamos en función de lo que pensamos de Venezuela? ¿A un orden ético internacional que no existe? Alguien operó para que esto ocurriera”, sentenció Solá.

“La defensa de los derechos humanos es enfrentando a quien los viole, sea quien sea”, mencionó antes de explicar que “la convicción sobre la no injerencia en asuntos internos de otros países es la misma. También sigue siendo la misma en cuanto a la denuncia de que hay bloqueos físicos, financieros y a personas. Pero los derechos humanos son un activo de la Argentina. Vamos a seguir defendiendo la vigencia de los mismos en todo el mundo”.

Multilateralismo

Hemos respetado y fomentado con otros países el multilateralismo como forma de relacionamiento mundial”, mencionó Solá pero lamentó “la falta de acción y contención que hoy tiene en general el multilateralismo”.

El canciller describió entonces el multilateralismo que quiere la Argentina: “Queremos un multilateralismo donde la palabra solidaridad sea fundamental. Y eso quiere decir que seamos realistas en cuanto a la situación en la que está cada uno porque sino, el multilateralismo es una cantidad de teleconferencias donde se dicen cosas lindas y después no hay hechos”.

Crítica a las aerolíneas

Luego de elogiar el “gran trabajo” que el Gobierno hizo con los argentinos varados en el mundo a raíz de las cuarentenas fijadas por el Covid-19, el canciller explicó que eso sirvió para comprobar “qué pasa cuando las papas queman”.

Dijo que por distintas puntos llegaron al país alrededor de 205.000 argentinos (casi 100.000 por el aeropuerto de Ezeiza).

“Con los vuelos prohibidos desde el 17 de marzo, organizamos lo que algunos llamaron vuelos humanitarios. Hubo una gran cantidad de vuelos con Hércules de la Fuerza Aérea. Hubo distintas actitudes por parte de las líneas aéreas: algunas, muy egoístas; algunas estafaron a su gente. Cuando vieron que no podían volver llenos desde Argentina, desconocieron los pasajes vendidos y empezaron a suspender vuelos diciendo que no podían entrar al país. Eso era mentira, con solo pedir a la autoridad aérea que querían ingresar, que eso pasara por Cancillería y nosotros nos arreglábamos con Salud –había una mesa que funcionaba todo el día- se podían realizar los vuelos”, relató molesto.

De acuerdo con la opinión del canciller, “hubo una total descoordinación entre las líneas aéreas” durante la pandemia. “Fue el sálvese quien pueda. Muchas se cayeron, otras hicieron algunos vuelos. Gastamos alrededor de US$5 millones en total. La mitad de eso fue para pagar charters cortos con otros países para que llegaran los argentinos desde distintas partes del mundo”.

Éxodo inexistente

El funcionario destacó que “finalmente llegaron” los argentinos varados en el exterior, pero  ahora se dice que hay un “éxodo masivo”.

“No hay ninguna prueba de eso. Desde el 13 de marzo hasta ahora, 502 personas solicitaron su baja en AFIP. De esos, 229 pidieron su alta para Uruguay, ¿eso es un éxodo masivo? Vimos las cifras de los que fueron a Uruguay y volvieron. Muchos fueron y volvieron. Migraciones calcula que hay entre 10.000 y 15.000 argentinos que están radicados en Uruguay, trabajan en Argentina durante la semana y los viernes vuelven a Uruguay. No tiene nada de malo y hace muchos años que ocurre, pero ¿nuevos éxodos? No”, dijo tajante.

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